Historia #133: Caña de pescar



Tras despedir al cartero, Sebastián se dirigió al cuarto de su esposa y le dijo:
            −Amor, mira, llegó la caña de pescar que pedí a China.
            Su esposa lo mira por sobre el libro que lee y responde:
            −¡Entonces pesca todas tus güeás y ándate a la chucha!

Historia #132: La idiotez humana no tiene límites



Cuando pienso que la idiotez humana no tiene límites, siempre viene alguien y me lo corrobora. Esta vez fue en el supermercado, donde la gente suele comportarse aún más idiota que de costumbre, un hombre con su hija de unos tres, cuatro años, comprando una carne de bandeja y un paquete de galletas Criolllitas. Tomé el primero de los objetos y lo eché en una bolsa chica y esperé a que me dijera algo al respecto del segundo, como que se lo iban a comer de inmediato o que en realidad no necesitaba de una bolsa; sin embargo el tipo me miró feo y me dijo: oye, la galleta también con bolsa…, ¡pero no junto a la carne, que se infecta! Pensé en la cantidad de plástico que hay entre un envoltorio y otro y el nulo contacto que tenían realmente los productos, mas hice caso omiso y le eché el paquete de galletas en otra bolsa chica. El tipo con su hija recibieron la boleta, ni siquiera se despidieron de ninguno de nosotros –ni de la cajera ni de mí− y se fueron, el hombre abriendo la bolsa de las galletas para vaciarla y botarla en el primer basurero que encontró al paso.
            Pensé: ahí tienen, la prueba fehaciente de que la idiotez humana no tiene límites, mirando cómo el tipo le sonreía a su pequeña hija, y ella le sonreía a él. No, no tiene límites.

Poema #31: Rico, rico, rico



Tu sexo, tu sexo, tu sexo
Rico, rico, rico.