Microcuento #45: Estos, nuestros viajes


Como no nos veíamos desde hacía cuatro semanas, con Javiera quedamos de juntarnos en Lebu, punto donde convergían nuestros caminos durante las vacaciones. Llevaba su vestido floreado y su sombrero de paja, sonriendo mientras me saludaba con su mano abierta. La besé como quería hacerlo desde hacía días, sintiéndome radiante, vivo, lleno de energía. Luego dimos un paseo entre las gaviotas, hablando sobre nuestro viaje y los respectivos familiares que habíamos visitado; comimos escuchando las olas y viendo el sol morir lejos. Al anochecer decidimos subirnos al primer bus de vuelta a casa, percatándome que tenía un montón de llamadas perdidas de Javiera. Imposible, dije, abriendo uno de sus mensajes de texto; explicaba que había esperado toda la tarde en el punto acordado sin tener noticias mías. Entonces la Javiera del asiento contiguo se apoyó en mí; dijo: “no todo es lo que parece, querido”.
            Mi grito despertó a todos los demás pasajeros.   

Poema #41: La luz opaca de tu mirada


Me pregunto qué sabor tendrán
tus labios
mientras dejo
el libro que leo de lado
y pienso en ti
tu voz
y la luz opaca de tu mirada.
Primavera, otoño
debe saber a verano, digo
pensando en
menta, malvarrosa,
canela y manzanilla.
Tus labios deben saber
a manzanilla
a sabia
a rocío matutino
a lágrimas del ocaso.
Tus labios, pienso,
y los imagino,
los recorro con la mirada,
sus comisuras,
sus heridas,
sus grietas,
los pienso,
y me pregunto qué sabor tendrán
mientras deseo que estés aquí
a mi lado.

Poema #40: Espero


Espero
a los pies de esta estructura
espero
La resolución de
tus ojos
arbóreos y felinos
hogares tempranos
mensajes subrepticios

Espero
a los pies de esta estructura
espero.

Poema #39: Hablar en silencio


Caminar solos
en este pedazo de
escenario desolado,
lejos del mundo,
entre peñascos, la vegetación árida
y los pájaros que parecen reírse de nosotros.
El sol cae y hace brillar
tu pelo como el oro fundido
sentados en una piedra
hablando en silencio
produciendo música con nuestros ecos
yo y mis deseos
tú y tu silencio.
Aviones vuelan sobre nosotros
y no puedo evitar pensar en que lloraría
de felicidad por estos segundos
en este pedazo de escenario desolado,
lejos del mismo mundo,
entre peñascos, la vegetación árida
y los pájaros que parecen reírse de nosotros.
Sentados en un piedra
el día se mueve
se trastorna y nos cubre con
sus estrellas y su frío rito
que acerca nuestras manos
para sentirlas como si
no hubiera vivido nada así antes.
Estamos solos
rodeados de animales
compartiendo este aire fresco
el milagro de hallarnos abandonados,
y aún en la oscuridad
sigues brillando como el oro.
¿Cómo pude estar perdido 
tanto tiempo?